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Star Wars in Concert en la Ciudad de México.
Por: Alonso Vilches

Desde principios de año ya se oían ciertos rumores de que este evento mundial vendría a México. Fue hasta abril del 2010 que se anunció oficialmente su presentación en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México. La preventa de boletos inició el día 22, con diferentes precios: Preferente $1,746, Luneta $1,546, Balcón $1,171, Primer piso $711 y Segundo piso $372. Muchos fans se quejaron del alto costo, pero también muchos no dudaron en comprar su boleto a la brevedad posible. Desde mediados de mayo, la ciudad tenía parabuses y carteles públicos del evento, y anuncios desplegados en los periódicos.
     
Después de los conciertos en Monterrey, el 12 y 13 de junio se hicieron las presentaciones en el Auditorio Nacional, a las 5 y 9 PM, y a las 4 y 8 PM, respectivamente. Ya que no hubo la venta de productos oficiales, afuera sobre la calle, se colocaron cerca de 50 diferentes puestos con artículos “pirata”, ya fueran con el logotipo o la imagen del concierto, o con otras relacionadas con Star Wars (léase con clásico tonito chilango): “llévele, llévele la playera, el botón, la chamarra, la sudadera, la almohada, las etiquetas, la gorra, la taza, el póster, la espadita, y hasta el video y la música del concierto de estar guars”. De lo más curioso fue la playera de San / Santa Yoda guadalupano en tres modelos diferentes.
Al entrar al lugar, estaban exhibidos en el lobby dentro de un contenedor de seguridad y vitrinas, los trajes y artículos originales de Darth Vader, Chewbacca, C-3PO, Padmé como piloto, un guardia Neimodian, un oficial imperial, Yoda, Han en carbonita, Plo Koon, Kit Fisto, dos Ewoks, la partituras originales de “Across the stars”, 3 cascos y 6 armas, al lado de mamparas con escenas de las películas. Los asistentes no pararon de tomarles (o tomarse) fotos, ya fuera con cámara o celular. Los asistentes disfrazados y los miembros de la Legión 501 agregaron un toque personal al ambiente previo y posterior a los conciertos.
  
 

En un área más apartada estaba un espacio de promoción de Cablevisión y sus 6 modelos de laptops con imágenes de Star Wars.
El escenario contaba con una enorme pantalla digital central, entramados a los lados y arriba, un juego de luces, y otras dos pantallas más pequeñas para el área del balcón. Durante la interpretación de la orquesta, la pantalla proyectaba escenas seleccionadas de las 6 películas, y en algunos momentos, a los músicos en vivo, filmados con una cámara controlada a control remoto desde una estación local. Por fin, unos minutos después de la hora indicada, el concierto inició con la fanfarria de la 20th Century Fox, la frase de incio de todas las películas y el tema principal.
   
La interpretación de las piezas, en su versión para concierto, simplemente fue espectacular: los violines en su máximo punto, al igual que los instrumentos de viento y las percusiones, sincronizados con las imágenes. El juego de luces que tenía el escenario le agregó un tono diferente a cada ejecución, de tonos azules para las ejecuciones suaves, a rojos cuando la intensidad aumentaba.
  
Una grabación con la voz de Darth Vader, subtitulada en la pantalla, anunció a Anthony Daniels, quien saludó en español y continuó en inglés la narración de la historia de Star Wars en orden cronológico. “Duel of the Fates” fue la primer pieza, en donde el color rojo predominó. Algunos asistentes comentaron que los coros no alcanzaban a tener tanta fuerza para oirse hasta el segundo piso del auditorio.
 
El siguiente tema fue el de Anakin, donde Daniels mencionó que una de sus mayores creaciones había sido C-3PO. Empezaba a dar todo un discurso sobre las virtudes del androide, hasta que el director lo interrumpió con la mirada. Después le siguieron las versiones para concierto del tema de los Jawas, para la pieza de “Droides!”, y el desfile de banderas de la carrera de pods. Nuevamente el juego de luces y el cambio de escenas a la orquesta tocando en vivo, nos recordaba la calidad de este evento.
  
El drama de la caída de Anakin fue narrado por “Across the stars”, “battle of heroes” y la “marcha imperial”. Del arpa a los violines, y de las percusiones a las trompetas, los asistentes aplaudieron fuertemente al acabar cada interpretación. La primera parte del concierto concluyó con un intermedio de 20 minutos.
  
La segunda parte inició con un juego de lásers mientras la orquesta interpretó una breve versión para concierto del duelo en Bespin. Ya en los tiempos de la trilogía clásica, la primera pieza fue el campo de asteroides, donde Daniels repitió exactamente la frase que menciona en la película sobre las probabilidades de sobrevivencia para los tripulantes del Halcón Milenario.
  
Continuó con el tema de la Princesa Leia; sólo en el concierto del sábado en la noche el corno inglés desafinó una nota. Después le siguió el tema del atardecer binario para introducir a Luke Skywalker, junto con el tema de la cantina. Tres de los principales músicos de esta pieza se colocaron un típico sombrero mexicano durante la ejecución.
   
El tema suave de Yoda que acompañó a la orquesta con tonos verdes y azules, contrastó con el juego de luces de la pieza para concierto del ataque de los TIE Fighters. Nuevamente, la tranquilidad y melancolía de “Luke y Leia” cambió drásticamente a la combinación de escenas, láser, y orquestación de la batalla en el bosque, que culminó con la explosión de la segunda Estrella de la Muerte.
  
 
La redención de Anakin con el tema de la Fuerza y el tema del salón del tronó en su versión extendida fueron las últimas piezas con escenas de las películas. Daniels concluyó el concierto diciendo en español “que la Fuerza te acompañe”. El tema final estuvo acompañado de los pósters de cada película, imágenes y fechas de John Williams dirigiendo la música original, y la orquesta tocando en vivo, concluyendo como empezó, con el logotipo de Star Wars.
  
  
El público se paró de pie en cada concierto y no dejó de aplaudir por más de 5 minutos. Junto con el director, Daniels agradeció al público y pregunto: “¿una más?”. La respuesta fue nuevamente la Marcha Imperial, proyectándose acercamientos de los músicos (la presencia del triángulo a la mitad de la pieza arrancó una sonrisa).
   
Pero no podía terminar mejor que acompañado de buenos amigos de diferentes lugares de la República: Klaus, Lluvia y Alex (Guadalajara), Alfredo, Paco, Ricardo, Federico, Israel (León), Alfredo, Tito (San Luis Potosí), y un largo etcétera, además claro de los muchos amigos del D.F. Sin duda fue un magnífico pretexto para vernos y saludarnos.
Alonso Vilches.

 

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